El Sentir de Cristo


Filipenses 2:1-7 
Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.
Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres.

Lo que el apóstol nos enseña es a tener el mismo sentir que Cristo Jesús, y eso nace en la comprensión del propósito, es decir que nosotros también podemos pensar de la misma manera. No fue un sentir que tiene que venir solo, sino que lo tenemos que descubrir en nuestro interior, está en nuestra naturaleza espiritual, tenemos que dejar que tome el lugar que le corresponde.

Mucha gente quiere sentir cosas buenas por los demás, quiere tener misericordia, ser humildes, etc. Pero quieren que eso llegue solo, en cambio cuando lo vemos desde la perspectiva de Cristo, no va a llegar de algún lugar cósmico, sino de nuestro interior por la palabra y no por sentimientos. Ante cualquier pensamiento que se quiera revelar lo debemos sujetar a lo que manda en nosotros ahora que es el Espíritu y no la carne.

Si usted se siente mal porque piensa que no puede vencer sus debilidades, no es el único, hay un montón de gente que pasa por lo mismo y aún nosotros los predicadores. Lo que pasa que es que estamos esperando que algo nos cambie, que venga una mística a impartirnos el orden interior y de un día para el otro seamos diferentes, tengo una buena noticia, eso va a suceder pero a medida que dejes que Cristo actúe en tu vida y ya no sientas como quieras las cosas, sino como Él las sentiría.

Todas estas cualidades nos dice que Cristo no las logró como Dios, sino como siervo. Ahí ya conocemos una ventaja, tenemos que pensar como siervos, no como gente que tiene derechos humanos. Por eso muchas personas no pueden amar, ser humilde, y un montón de otras cosas porque están pensando que a ellos todo se les tiene que dar, creen que se ganaron un lugar que se tiene que respetar, y es ahí el problema, cuando sus derechos se volvieron más importantes que su espíritu de siervo.

Si hay algo que el sistema quiere que perdamos es el carácter de Cristo, porque si se reproduce el carácter de Cristo en cada uno de nosotros el reino de las tinieblas se verá en grandes problemas.

Cada pensamiento que dejemos triunfar en la mente será o condicional o promocional del sentir de Cristo en nuestra vida. Ya no pensemos como gente con derechos, aunque en Cristo los tenemos y él se encargará de que todo lo que nos corresponde lo alcancemos, sino que mejor es pensar como siervos, nunca dejes de pensar así. Tarde o temprano los pensamientos que alimentes se irán convirtiendo en tu manera de comportarte. La gente no puede darte lo que Dios si puede darte.

Siempre me pregunte que era pensar como Cristo, como siempre me aconsejaban, y en realidad es tan sencillo que no lo podía ver, pensaba que era algo místico más incomprensible, nada más era pensar como siervo. Alguien que tiene que hacer algo y además recibirá una recompensa, pero siervo de un propósito, no de la gente, no preso de las personas, no que todo el mundo me pase por encima, sino siervo del reino, de Dios para la gente.

Todo lo que nos pase nosotros determinamos si lo usamos para bien o para mal. Jesús podría haber escapado de la cruz, sin embargo prefirió entregarse por amor a la gente. Un problema puede ser una oportunidad para prosperar o para quejarse.

Este es el momento donde debes dejar de pensar y comportarte como dueño de algo y darle otra manera de pensar a todos los sucesos en tu vida, que eres un siervo de Dios en la tierra y que todo lo mejor que te va a acontecer no vendrá de la manos de las personas, ellos pueden amarte o traicionarte, pero tu recompensa no viene de él. Es por eso que dice:  Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.

Hay tres cosas que motivaron a muchas personas es el hacer: por contienda, por vanagloria y por orgullo, así pensamos cuando estamos fuera del pensamiento de Cristo. Pero cuando somos siervos ya entendemos que no es la gente la que nos motiva o nos derriba, es nuestro deseo de cumplir el propósito.

 


Daniel Monzón es apóstol en el Ministerio Jesucristo la Solución y otros ministerio. Es escritor, rector de EMYS (Escuela de Ministerio y Servicio) y brinda un discipulado apostólico en varias regiones del país que bendice a miles de personas.